RELATO 8:

SEKHMET

Había llegado el tan anhelado momento; se iba con viento fresco y con la cabeza todo lo alta que le permitiera la chepa. Se largaba porque estaba hasta los ovarios, como decía su nieta, la feminazi. A sus 89 no le faltaban achaques de los que quejarse, pero no era una vieja chocha y su decisión no era el fruto de un desvarío senil. Lo que tenía pelado y reseco era el coño, no el cerebro.

      La luz intensa de un día seco de verano fluye a raudales a través de la única ventana de la estancia. Es un piso minúsculo de los años 60, sexto sin ascensor. Olor a potaje, a polvo posado sobre la vieja enciclopedia Salvat, al amarillo tabaco de los mantelitos de ganchillo. Mesa camilla con faldones verdes, brasero apagado. Pantalla de plasma último modelo presidiendo el ambiente como un extraterrestre negro y brillante.

      Ruido metálico en la entrada. Desde el pasillo se intuye el leve sonido de zancadas sigilosas. Javiera da un respingo y se yergue en la butaca.

      —Me has hecho esperar —murmura entre dientes, con una sonrisa lacónica—.

      —Es martes, Javiera. Estamos a 30 de julio y son las tres de la tarde. Llego en el momento justo.

      —Nos ha jodío mayo con las flores. No quieras jugártelas de lista conmigo, que ya nos conocemos.

      Silencio seco y denso, sostenido durante unos breves segundos. Javiera se levanta y los muelles de la butaca suspiran, chirriantes.

      —Me voy a servir un carajillo. Vamos a celebrar que estás aquí.

      Cargada con la botella de orujo del viejo mueble bar bola del mundo, Javiera se deja caer en la poltrona marrón y se sirve un chorrazo de licor en la taza de café.

      —Toni y Carlos se pondrían como gallinas cluecas si me vieran. ¡Como si ellos no se pusieran hasta el culo de coca! Toda la vida deslomándome por ellos y ni tomarme un orujito a gusto me dejan.

      La senectud le arranca la voz como si de una mala hierba se tratara. Es una cámara de vacío donde los demás pueden verla hablar, pero nadie escucha lo que tiene que decir.

      Suspira profundamente y mira el vaso vacío con aire nostálgico.

      —Cuando viniste a por mi Antonio no me dio pena, me sentí liberada. Era mu’ bueno mi Antonio, pero en esta casa solo se hacía lo que a él le salía de los cojones, chica. Ilusa de mí, pensé que por fin sería dueña de mi propia vida…

      Javiera hija, Javiera novia, Javiera esposa, Javiera madre, Javiera abuela. Un poliedro patriarcal perverso, su potencial disipado en una vida de cuidados. La fragancia podrida de los higos echados a perder.

      —Ya no más. Aunque sean mis hijos, no van a seguir dándome la cantinela con lo que se supone que es mejor para mí. ¡Qué coño sabrán Toni y Carlos de lo que me conviene!

      La vieja toma impulso y se levanta con aire decidido. Renqueante, recorre el pasillito angosto hasta el cuarto de baño de baldosas azules. Javiera rebusca con torpe impaciencia dentro del armarito.

      Las venas azuladas de sus manos se pronuncian, pulsátiles, al servir más café en el vaso vacío. El olor del orujo calentorro al salir de la botella impregna la salita. El blíster que cruje para liberar las herramientas de su emancipación definitiva.

      La luz intensa de un día seco de verano fluye a raudales a través de la única ventana de la estancia. Es un piso minúsculo de los años 60, sexto sin ascensor. Javiera, madre ejemplar y esposa cariñosa, descansa por fin en la butaca de la salita.

COMENTARIOS:

 

– Paz y gloria, Javiera, paz y gloria! Para mi el segundo mejor de la jornada, después del mio, claro.

– Claro que sí! Yayos al poder, basta ya de «edadismo».

– Lo del coño queda un pelín vulgar, pero no empaña un estupendo relato con unas frases y unas ideas magníficas. No le pongo un 10 porque un 10 es la perfección absoluta, y eso es mucha tela, y además hay algún acentillo por ahí.

– Me encanta lo de los «nos ha jodío mayo con las flores»; no lo había oído nunca 😂

– Felicitaciones. Buen relato.

– Aunque muy original, el estilo de guion de teatro, muy rico a nivel descriptivo, no da cabida al dramatismo que podría merecer el tema

– ¿La señora se suicida? Me gusta cuando nos intentamos acercar al punto de vista de las personas mayores que nosotros.

– Bien contado, natural, expresivo

RELATO 4:

KRAKEN

 

Había llegado el tan anhelado momento. Y ella estaba en primera fila, saboreándolo en vivo y en directo. Había imaginado cientos de veces la escena: los novios que, en lugar de dirigirse a la pista de baile, donde todos les esperan, salen disparados hacia el aseo más cercano…

      —«Ja, ja». Tere no pudo evitar soltar una sonora carcajada.

      En su fantasía los había imaginado corriendo a toda prisa con expresión sorprendida; ¡ver sus rostros verdes de angustia resultaba realmente cómico! Pero ¿cómo había llegado hasta ahí?

      Tere no solía reírse de las penas ajenas, pero había sido muy fuerte regresar temprano a casa, enferma, y pillar a su compañero allí con Carla, la otra, escenificando el Kama Sutra en su propio salón. La migraña que traía del trabajo le había impedido gritar, así que los había echado con un rotundo y elegante «¡A la calle!»

      Dos días después, Víctor la citó en un bar para «disculparse»… y la remató al confesarle que no se trataba de ningún desliz, que Carla y él se querían, e iban a casarse. Tere se había puesto de pie lentamente con mucha dignidad y había extendido la mano:

      —Pues me entregas tus llaves ahora mismo, mañana sacas todas tus cosas, y no se hable más, Víctor.

      Recibió las llaves, se dio media vuelta y se marchó a casa con paso firme. Algo dentro de ella había estallado en mil pedazos y ahora un alarido que concentraba toda su rabia trepaba por su garganta. Contuvo el grito hasta que pudo camuflarlo con la almohada… No quería que él supiera que sufría por él.

      —¡Aaaaaarrrrrrrrrrgh!

      Repitió ese grito gruñón varias veces hasta que solo quedó silencio. Quedó vacía de amor, pero sedienta de revancha, y allí mismo empezó a tramar su venganza. Aquello no se iba a quedar así.

      Día tras día se perdía en maquinaciones diversas, hasta que la vida le sirvió la oportunidad en bandeja de plata. Los padres de Carla contaban con medios ilimitados para celebrar la boda de su única hija. La madre, Memé, distinguida dama cheta de la alta sociedad madrileña, creía que la originalidad consistía en copiar todo lo que hacían fulana, mengana y zutana, para estar siempre «a la última». Y en ese momento, las tartas de Tere, la «Mejor pastelera» de ese año, eran literalmente «lo último».

      Tere se propuso así aprovechar su notoriedad para hacerse con el contrato de la boda de Víctor, pues estaba segura de que el esnobismo de Memé la conduciría dócilmente hacia sus redes de azúcar… Y así fue. La atrapó con una receta «exclusiva» de esponjado de vainilla y maracuyá decorada con coulis de melocotón y perlas con relleno de ron y azahar.

      El día de la boda, Tere entregó la tarta de 5 pisos en el lugar de la fiesta y tras dejarla en un lugar fresco y seguro, acordó con el organizador de bodas que ella misma transportaría la tarta para evitar percances y flambearía los trozos de los novios como estaba previsto.

      La fiesta era un espectáculo: orquesta, pinchadiscos, música y luces especiales para cada momento, anunciados por el organizador de bodas a todo volumen por el micrófono, mientras los invitados aplaudían y vitoreaban: que si el brindis, que si el vals, que si la tarta…  ¡Había llegado el momento!

      De repente, las luces se apagaron y en medio del suspenso de redobles de tambor, Tere roció los dos trozos de tarta, recién cortados por los novios, con un chorrito de la pipeta, y les prendió fuego entre las aclamaciones del público cautivado por el show: «¡Oooohhh!».

      En la pastelería, Tere había preparado con esmero la poción destinada a los novios: laxante en polvo (fácil de diluir), infusión de chiles mejicanos molidos, y el ron para camuflar cualquier olor. Conocía a Víctor como la palma de su mano y sabía que una gota de chile podía producirle graves síntomas: Tere recordaba aquella semana en México; ella, sol y playa, y Víctor, en un camastro improvisado en la bañera, cubierto de un sarpullido que escocía. En otras palabras: la fórmula perfecta para arruinarte tu puta fiesta y tu semanita en las Maldivas… ¡La venganza es dulce, cariño!

COMENTARIOS:

 

– Me hubiera gustado un final más maquiavélico…

– Bastante predecible

– Muy divertido!! Me encantan las venganzas.

– ¡Que buenas expresiones!: «escenificando el Kama Sutra», «sus redes de azúcar»… 👏

– ¡Ostras! Esto suena a historia real 🙈

– Felicitaciones. el relato esta bien escrito, quizás sume crear un punto de giro inesperado.

– ¡Maquiavélica! ¡Me encanta! Jajaja

– Nunca hay que infravalorar la venganza.

– No soy de venganzas, pero esta me supo bien

RELATO 6:

FÉNIX

 

Había llegado el tan anhelado momento, tras más de medio año de espera, por fin iba a conocer a la famosa doctora Higueras, y la verdad es que había tenido mucha suerte, porque le podían haber dado cita con la doctora Palomares, también conocida como «la carnicera de Belchite». Al fin y al cabo la lista de espera para ambas era interminable.

      Antonio movía la pierna con impaciencia en la sala de espera, casi siguiendo el compás que marcaba el minutero.

      De la doctora Palomares se decía que había dejado calva y sin uñas a una profesora de pueblo que fue por una dermatitis por estrés, mientras que la doctora Higueras había conseguido dejar la piel de un chico como la de un melocotón tras más de diez años lidiando con un acné gravísimo.

      Sonsoles, su mujer, intentaba tranquilizarle acariciándole un hombro.

      Antonio y Sonsoles eran un matrimonio más sólido que el diamante. Llevaban juntos desde los 17 años y jamás se habían separado. Ella era una mujer de ciencia y él un hombre de superstición, pero juntos se complementaban. Ella trabajaba en el Observatorio Astronómico Nacional y él en Telecinco, ambos de noche. Mientras ella estudiaba el medio interestelar, él interpretaba el horóscopo en directo a cualquier noctámbulo solitario y perdido dispuesto a gastar tres euros por minuto en una llamada telefónica. 

      Por fin iban a realizarle una biopsia de aquel lunar tan místico, según él, y sospechoso, según Sonsoles, que habían descubierto el verano pasado en su espalda.

      Sonsoles se conocía los lunares de Antonio mejor que las constelaciones, y una mañana de playa, mientras le ponía un pringue de protector solar en la espalda, se percató de la presencia de un nuevo lunar de tamaño considerable en la espalda de su marido.

      —Antonio, tienes aquí un lunar muy raro. ¿Es nuevo?

      —Y yo que sé Sonsoles, si yo no me veo la espalda.

      Sonsoles sacó el teléfono móvil de la bolsa de plástico que tenían enterrada debajo de la toalla y le sacó una foto para enseñársela a su marido. 

      —Uy, qué feo. Se parece un poco a mi tía Paqui de perfil, ¿no? —dijo Antonio devolviéndole el teléfono.

      Sonsoles amplió la foto.

      —Uy, pues ahora que lo dices…

      —¿Tú crees que intenta decirnos algo?

      —Yo creo que tienes que ir al dermatólogo.

      Antonio no dudó en pedir cita en ese mismo momento. Por suerte o por desgracia era una persona bastante dócil y no hacía falta demasiado para convencerle. Precisamente así fue como comenzó todo este problema.

      Todo sucedió un día de poca audiencia en el programa en el que Antonio recibió una llamada del mismísimo director de Telecinco. El hombre se había desvelado y había terminado, como no podía ser de otra manera, viendo su propia cadena y descubriéndose a sí mismo disfrutando de las desgracias ajenas que Antonio vaticinaba a la gente con las cartas y los astros.

      —Antonio, caro mío, sei magnético —empezó diciendo el director— pero…

      Siempre había un «pero».  En este caso Antonio era demasiado blanco para la televisión nocturna.

      —Pero… Es que soy blanco —Dijo Antonio con timidez. 

      —No, Tony, non mi capisci. Tu colore é bianco morte. Quiero ver la vita en el tuo rostro, non la morte. Prendere el sole, prendere rayos UVA… Buscamos colore Julio Iglesias, capisci?

      Al día siguiente, Antonio fue llamado al despacho de un directivo, donde le ofrecieron dos sobres. En uno, el fin de su contrato; en el otro, una tarjeta con la dirección de una cabina de rayos UVA y un bono de 50 sesiones.

      Antonio empezó a verse a sus 45 años como una uva pasa, pero el director de la cadena, que se había enganchado a su programa, estaba tan contento que le subió el sueldo. Las audiencias subieron y Antonio desarrolló tanorexia. Por más que Sonsoles trataba de embadurnarlo en crema cuando iban a la playa o situarle bajo una sombrilla, él siempre se escapaba a su querida cabina de rayos UVA, donde ella no podía controlarle.

      Por fin se abría la puerta de la consulta.

      Pero Antonio se quedó blanco de nuevo. La identificación que colgaba de aquella bata decía «Palomares». 

 

COMENTARIOS:

 

– Muy bueno… final de entrecruce… muy bien…

– Pues si se quiere poner moreno, que se venga para Almería que aquí cae un sol de justicia! y que se deje de rayos UVA…

– Ingenioso, divertido y bien ejecutado.

– Me encanta 👏. Hubiera podido ganar, pero te penaliza que hayas pasado de las reglas de puntuación, de los guiones en los diálogos y los acentos 😁

– Muy divertido. Felicitaciones.

– Relato bastante divertido; puntos por originalidad pero no por la calidad de la escritura

– Cada uno tiene su propio concepto de lo que es una buena cara.

– Divertido y original

RELATO 2:

MINOTAURO

 

Había llegado el tan anhelado momento. Después de años de estudios, sacrificios y noches en vela, Martín por fin sostenía entre las manos la llave que abría la sala de restauración del Museo Nacional. No era una llave simbólica: era real, de metal bruñido, pesada y rugosa, como un fragmento del pasado.

      Entró solo. La dirección del museo le había concedido acceso exclusivo para iniciar la restauración de una obra recién hallada en un monasterio derruido de Soria: un retablo anónimo del siglo XV cubierto por siglos de hollín, telarañas y misterio.

      Al encender la luz blanca y neutra del laboratorio, vio la obra en su caballete de roble. El lienzo parecía muerto. Apenas se distinguían colores bajo la costra del tiempo. Pero había algo en los ojos de una de las figuras —una mujer envuelta en azul oscuro— que lo inquietaba. Lo miraban, o eso creyó. Sacudió la cabeza: era el cansancio.

      Comenzó con delicadeza. Pincel seco, bisturí, disolvente leve. Capas de polvo y barniz antiguo caían como escamas. Y entonces, ocurrió. Bajo la figura de la mujer, descubrió algo imposible: una firma. No estaba pintada, sino grabada en el lienzo con una técnica que no correspondía a la época.

      Decía: «M.G. 1981».

      Martín se congeló. Él había nacido en 1981.

      Pensó en una broma. Buscó documentación. Releyó los informes. Nadie había tocado ese retablo desde su hallazgo. Pero la firma seguía allí, en la parte inferior, como una advertencia o una confesión.

      Días después, mientras dormía, soñó con la mujer del retablo. Le hablaba en latín, le tendía la mano. Soñó con incendios, con una sala similar a la del museo, pero inundada. Al despertar, su almohada estaba húmeda, como si hubiera salido de un naufragio.

      Insistió en restaurar. Cada capa que retiraba revelaba no solo pintura, sino símbolos, palabras ocultas, fragmentos de partituras. No lo entendía, pero todo parecía hablarle a él, como si alguien hubiera sabido que él llegaría, que él sería quien devolvería la imagen al mundo.

      Un mes después, cuando el rostro de la mujer estuvo completamente visible, Martín se encontró con su propia mirada reflejada en la suya. No era parecido. Era idéntico. Un espejo disfrazado de arte sacro.

      Había llegado el tan anhelado momento, sí. Pero no de coronar su carrera, sino de entender que su vida, desde el principio, había sido una repetición. Un eco. Y que el ciclo estaba por cerrarse.

COMENTARIOS:

 

La idea me ha parecido muy original, la ejecución no tanto. Aun así, buen relato!

– Comienzo espectacular y bien narrado. Pero el desenlace un poco decepcionante.

– Intrigante, bien ejecutado.

– Magníficamente escrito. Quizá el final me deja un poco así así…

– Enigmático…

– Me gustó el relato pero el final es poco claro, un poco forzado

– La fantasía se dispara cuando uno piensa que hay algo oculto.

RELATO 1:

QUIMERA

 

Había llegado el tan anhelado momento. Después de meses fatídicos de frustraciones, intentos de comunicación fallidos, rabia y noches sin dormir, por fin obtuvo lo que necesitaba. Estaba harto de tener que ir cada día al mismo sitio, separarse de Clara —la mujer de su vida— durante la jornada laboral y pasar el tiempo con gente que no le gustaba. ¿Y todo para qué? —se preguntaba. Todos los días lo mismo: llegar, comer, e irse.

      La rutina se había apoderado de Diego, que sentía un aburrimiento desesperante. Tanto tiempo haciendo lo mismo, cada día. Soñaba con romper esa cadena de eventos desmoralizante. Quería algo que le devolviera la vida a su existencia gris. Algo distinto. Algo que le hiciera evadir la realidad. Algo nuevo e impactante. Diego buscaba sin descanso: entre compañeros, familia, amigos… pero no tenía suerte.

      Hasta que la tuvo.

      Estefanía era una chica joven que cumplía todos los requisitos para figurar en el catálogo de princesas Disney: rubia, ojos azules, cintura estrecha, cara perfecta y unos aires de tradwife que ya quisieran tener algunas influencers. Rompía cuellos allá por donde iba. Especialmente cerca de guarderías y escuelas, entre padres primerizos… y alguna que otra madre. Y la muy cabrona lo sabía.

      Estefanía era niñera, y su cara de angelito no defraudaba a ninguna familia interesada en contratarla. Todos la recomendaban por su amabilidad y ternura. Justo lo que Diego venía anhelando. Estefanía fue contratada. A Clara no parecía importarle que Diego pasara tiempo con ella. O, al menos, así lo interpretó Diego, que, aunque muy vergonzoso al principio, empezó a soltarse con ella tras unos días.

      La veía como alguien de otro mundo. Fantaseaba con ella. Soñaba con ella. Definitivamente, su rutina se rompió. Encontró lo que buscaba, aunque no tenía claro cómo conquistarla. Así que jugó sus cartas. Y las jugó tan bien que Estefanía también empezó a encariñarse con él. Entonces llegaron las risas, las caricias y los mimos. Clara, mientras tanto, o no se daba cuenta, o decidió hacer caso omiso.

      El curso académico terminó. Diego y Estefanía llevaban tiempo sin verse; ya no había excusa para hacerlo, y fue un periodo duro para ambos. Hasta que un día, Clara tenía que quedarse hasta tarde en el trabajo y llamó a Estefanía para que ayudara. Diego no pudo evitar emocionarse al verla. Y, apenas Clara salió de casa, comenzaron su ritual de mimos y caricias. Los besos se volvieron abrazos y, como el ambiente estaba muy caliente, pues era verano, Estefanía empezó a quitarle la ropa. Primero la camiseta, suavemente. Luego, entre besos, miradas y medias sonrisas, los pantalones. Diego quedó finalmente desnudo. Se sentía vulnerable, pero confiaba en Estefanía. Ella ya conocía sus límites. Pícara y divertida como siempre… se lo ofreció a Diego. Y a Diego, nada más verlo, se le abrieron los ojos como platos. A la vista, era precioso. Al tacto, húmedo. Al olfato, dulce. Diego no pudo resistirse y corrió su lengua por toda la superficie, haciendo que Estefanía sonriera otra vez. Experimentó un placer enorme y, por la expresión de su rostro, Estefanía supo que por fin se había quedado satisfecho.

      Y ahora, querido lector, te pregunto: ¿Diego es el hijo… o el marido?

COMENTARIOS:

 

Ostras, lo he leído tres veces y no acabo de pillarlo…

– Tan claro como el agua

– Espero que sea el hijo porque si es el marido, te quito todos los puntos!

– Interesante Trampantojo. He creído que Diego era el marido hasta el final, bravo.

– Felicitaciones por escribir. El texto es entretenido. Creo que Diego es el hijo.

– Jajaja, llámame malpensada, pero yo estaba pensando en el hijo desde el principio.

– Idea original

– Me parece increíble la manera en que el autor ha conseguido que lea el relato tres veces.

RELATO 7:

HIDRA

 

Había llegado el tan anhelado momento, y mientras la camilla se deslizaba por el pasillo del hospital hacia el quirófano, ella lo único que podía ver eran los fluorescentes oxidados del techo y la cara circunspecta del celador.

      Era la primera vez que la iban a operar y le sorprendió el ambiente distendido y juvenil que reinaba en el quirófano. ¡Si hasta tenían puesta la radio! Y lamentó mucho que se le escapara aquella lágrima escurridiza por la mejilla.

       —No llores mujer. Si ya verás como en un par de semanas estás paseando a tu bebé por el parque —le dijo una chica con un gorro de quirófano rosa con corazones rojos—.

      Todo empezó en el embarazo de su segunda hija, cuando se empezó a sentir cada vez más cansada y a veces hasta mareada. Nadie le dio importancia, porque a las embarazadas a veces les dan vahídos y mareos, pero ella empezó a sospechar que algo no iba bien. Y no tardaron mucho en diagnosticarle una cardiopatía severa en fase avanzada. A partir de ese momento, sus prioridades fueron cambiando y cada día transcurrido se convertía en una batalla ganada hasta que logró dar a luz a su hija, un bebé sano y precioso.

      Ahora le tocaba a ella enfrentarse a un trasplante de corazón, a semanas de hospitalización y a los riesgos de rechazo agudo (como lo llamaban los médicos)… Y mientras su cabeza iba de un pensamiento a otro a mil kilómetros por hora, escuchaba de fondo una voz que le decía: «ahora vas a empezar a contar hasta 5 muy lentamente…»

      Cuando abrió los ojos, lo primero que pensó fue que estaba viva, y lo siguiente, que le dolía un poco la cicatriz del pecho. Pero todo eso se le pasó cuando se le acercó un chico de unos 35 años que le dijo que todo había salido bien, y que dentro de un rato podrían pasar su marido e hijas a verla, que le quedaba una vida entera por delante para disfrutar y que todo eso era posible gracias a esas personas tan generosas que son los donantes.

COMENTARIOS:

 

Como que quedo a medias y ni para allá ni para acá

– Poquita historia. Me da que este es uno de los que se han enviado el último día 😁

– Recuerda las reglas de los guiones y las tildes diacríticas ☝😉

– Felicitaciones

– No está mal pero le falta intensidad a la trama, queda un poco “light”

– Oh corazón mi corazón.

RELATO 12:

ANTÍGONA

 

Había llegado el tan anhelado momento. A partir de hoy podrá cambiar su rictus fingidor; dejará de recorrer su habitual itinerario en el autobús acompañada de habituales pasajeros fingidores; no tendrá que cumplir ninguna orden que no comparte; tampoco irá a desayunar con compañeros que solo hablan de trivialidades. Se libra igualmente de la tediosa consigna de llevar impoluta cada día la clásica indumentaria, tan elegante como incómoda y sin personalidad; así como su consiguiente aporte de maquillaje que se va degradando a lo largo de la jornada, y que tendría que ir retocando para su simulación calculada. Quedarán atrás las mañanas en que el reloj no parece avanzar al ritmo establecido por las horas, que se hacen interminables. No había nada que interrumpiera el día monótono igual a otro día, salvo la llegada del deseado viernes de cada semana para desconectar, aunque lo normal es que no ocurra nada extraordinario y entonces el lunes volvería a ser una pesadilla.

          Ya por fin dejará atrás tanta tarea que nadie sabe realmente para qué sirve y que podría hacer cualquier otra persona o uno de esos robots.

          Ahora solo se dedicará a su soñada idea de escribir cuentos infantiles y leerlos contemplando sus rostros inocentes llenos de ilusión. A esto que suena el despertador. Son las siete de la mañana.

COMENTARIOS:

 

Bonito  y triste… Bienvenida a la realidad!

– Le pasa lo mismo que al anterior: la frase está en pasado y el relato en presente. Quizá hecho demasiado rápido. Pero hay frases estupendas y están muy bien utilizados los puntos y comas 👏.

– ¿Quién te ha dado permiso para contar mi vida? 😏

– La vida

– Demasiado breve… como un fin de semana.

– No hay historia y la falta de concordancia de tiempos le resta fluidez

– La cárcel de las 40 horas semanales.

RELATO 9:

MINERVA

 

Había llegado el tan anhelado momento. Coco miraba a un lado y a otro de la casa. ¿Dónde estaban todos? Seguramente había llegado el momento, y a él lo dejaban al margen.

      ¿Siempre sería así cuando llegase el bebé? Había estado protegiendo a María durante todos estos meses, acompañándola en sus paseos, vigilándola por las noches, vigilando ese bulto grande que le había salido en la barriga.

      Intuía que algo había dentro, podía olerlo, se inquietaba cuando se movía. Ahora se imaginaba que estarían con él, y cuando volvieran a la casa… ¿Cómo sería todo?

      Le quedaba mucho trabajo que hacer, tenía que mantenerlos unidos y protegidos, se sentía seguro cuando todos estaban cerca. Hoy lo habían dejado con el hermano de María, Juan. Llevaba unos días en la casa. Él se imaginó que era  para esperar el momento, para que estuvieran acompañados, para no dejarlo a él solo. Cómo extrañaba los paseos con María, esos paseos calmados, por caminos verdes, con bancos donde sentarse.

      La mano de María buscaba su cabeza para calmarlo, acariciarlo. Todo estaba bien.

      La semana pasada perdió un poco el control; dejó de pensar en María y se enredó en una carrera estrepitosa con otro perro. Como él es un galgo ágil, frágil y delgado, chocó contra su adversario, se hizo una herida que le desgarró una patita. ¡Qué preocupada estaba María! Se pasó varios días a su lado consolándolo. Ahora se encontraba ya casi curado.

      Recorrió nuevamente la casa, la habitación del bebé, la bañera, la cuna que le habían preparado, y se preguntó: ¿cómo sería su relación con él? El bebé crecería, se haría mayor, e inevitablemente pasados unos años dejaría de poder protegerlo. Así es la vida de los perros, mucho más corta que la de los humanos.

      Pero el tiempo alcanzaría para tenerlo como amigo y compañero de juegos unos cuantos años; tenía que enseñarle tantas cosas… A ser paciente, a esperar, a ser amigo y compañero, a correr, a disfrutar de los caminos.

      ¿Se parecería a María, o sería como Diego? Sus dos dueños le gustaban por igual, cada uno con su diferente personalidad. María era impulsiva, dinámica, le gustaba variar de caminos, de horarios. A veces se volvía un poco distraída. Entonces él la miraba con ojos tiernos, desvalidos, y ella regresaba. Diego sin embargo era mucho más reflexivo, se pensaba las cosas, le hablaba con calma, se tomaba su tiempo para hacerlo todo.

      Ahora estaba sentado al lado de Juan, que olía a otro perro, a Nilo, un perro pequeñito, juguetón, e inquieto.

      Le gustaba Juan, era alegre y divertido, un hombre joven, guapo, y enérgico. Como era enfermero, María se sentía segura con él, un enfermero bragado en mil batallas. Trabajaba en la urgencia de un gran hospital en Barcelona, y no se asustaba por muchas cosas, con lo cual sabía responder de una forma sencilla a problemas que a otros se nos hacían enormes. Uno se sentía seguro con él.

      Cuánto tardan. Ya hace más de un día que se fueron. Le dijeron que regresaría pronto. ¿Por qué no vienen? ¿Qué estará pasando? El sistema sanitario en Holanda es muy bueno; la matrona había llegado, la había revisado, y se habían ido. En teoría era cuestión de unas horas. En cuanto María pudiera levantarse, se vendrían para casa con el bebé. Al día siguiente vendría la enfermera otra vez a ver cómo se encontraba.

     Él seguía allí con Juan, esperando. Hoy era un día caluroso, de esos días en los que uno piensa que estaría bien tener aire acondicionado. La gente se bañaba como desesperada en los canales. Estaban todos en la calle.

      ¿Era por eso por lo que no llegaba Irene? ¿Se habían parado en el césped a disfrutar de la humedad que desprenden los canales? No creo. Estarán deseando llegar a casa.

      —Es la hora de comer —le ha dicho Juan. —Vamos Coco a comer un poco y luego a descansar.  Ya verás como pronto llegan todos.

      Se sintió más tranquilo. No quedaba otra que esperar el tan anhelado momento.

COMENTARIOS:


– Que ameno y bien narrado!

– Falta mejorar las reglas de puntuación, los guiones, las mayúsculas… Pero cómo se agradece ver un relato con historia, pensado, bien narrado y sentido 👏👏👏

– Divertido

RELATO 10:

PONTUS

 

Había llegado el tan anhelado momento. La terraza construida por el ruso Niki estaba postrada sobre los pilares. La rama del árbol (que le había estado tapando la vista) se encontraba derrumbada entre los pastos descontrolados. Había un silloncito verde sobre el suelo de madera y una mesa con un cenicero y un paquete de cigarros, colocados allí como de forma armoniosa, como si ya estuvieran allí hace días. La belga conectó el tocadiscos viejo de su padre y esperó unos segundos hasta escuchar las primeras notas melancólicas del vinilo favorito de su hermano: Street Legal.

      Sentada en el borde de la terraza, encendió un cigarro. Los pies colgando en el vacío. En el horizonte los montes de Rakasdya asomando sus distintas tonalidades de verdes entre los árboles del jardín.

      Sofía había abandonado su casa en una camioneta blanca. Junto a su novio de ese entonces, en el apuro de un escape necesario, la ruta los guiaría hacia los países Bálticos, donde en el pasado había estado en vastas ocasiones con su padre y su hermano. Viajaron durante meses, pero las explosiones abrumadoras de su madre la perseguían en cada discusión con su novio, cuando él se ponía como un loco detrás del volante, manejando pegado a los otros coches y bebiendo cerveza de una lata de medio litro, cuando él la insultaba por la mañana.

      En Turquía decidió que era suficiente. Huyó por segunda vez, y esta vez abandonaba de forma determinada un pasado de sonidos metálicos y olor a alcohol. La ruta le desgarró los ojos. Entró en Bulgaria y el cansancio la llenó de esa necesidad desgastada de llegar a casa, pero el pasado en Bélgica ya se había hecho demasiado efímero como para volver.                En el delirio de la pintura blanca que se le metía por debajo de las ruedas y las luces como guías se desvió del camino y atravesó caminos de tierra que subían y bajaban.

      Allí encontró esa casa abandonada entre las ramas hambrientas de los árboles que avanzaban en la oscuridad.

      Ahora esa es su casa. Cada día un poco más. Cada día la hace un poco más suya. Ha aprendido a recordar y a vivir con la mirada puesta en el horizonte.

      Ahora sus pies se hamacan suavemente al aire y el humo se le escapa como de casualidad por las fosas nasales. Frente a ella se abre el horizonte que ella abrió cortando ramas. El horizonte verde azulado debajo del cual respira un valle mágico.

      The endless road and the wailing of chimes

      The empty rooms where her memory is protected

      Where the angels’ voices whisper to the souls of previous times.

COMENTARIOS:

 

No se qué valor le añade a la historia lo del pajarito hablante…

– Me encanta lo poético del lenguaje utilizado. Las descripciones sensoriales me han sumergido de lleno en este relato. Bravo.

– Muy bien escrito, pero un poco lioso, como si hubiera varias historias poco conectadas entre sí (¿demasiados países?). La puntuación también me parece mejorable, y quizá el uso excesivo del gerundio, más propio del inglés que del español. Algunas frases son tan poéticas que resultan difíciles de entender, pero hay algunas imágenes magníficas. ¡Bravo! 👏

– Lindo relato, felicitaciones

– Relato un poco descosido y confuso.

– Lo difícil que es llegar al hogar.

RELATO 3:

XOCHIQUETZAL


Había llegado el tan anhelado momento. La presión del concurso era inmensa. Un silencio profundo se apoderó de la sala. Para este instante había trabajado, llorado y sufrido. Y, por fin, como en una tibia noche de verano, el perfume de su delicada y potente voz llenó cada rincón del teatro.

Tres años antes…

La joven seguía dormida. Un bandazo del avión hizo que su cabeza casi golpeara la ventanilla. El pasajero de al lado, con cuidado, le acomodó la pequeña almohada para que no se lastimara. La azafata, ya casi al final del vuelo, se acercó a verla.

—Sigue dormida… —pensó aliviada—. Menos mal. Así el viaje se le pasa más rápido. Y ojalá no tenga que inyectarla otra vez.

Pasaron casi treinta minutos después de aterrizar cuando Esmeralda por fin despertó. Desconcertada, asustada… pero ahora del otro lado del océano. Miró su reloj. Había dormido casi quince horas seguidas gracias a los somníferos ilegales que le había conseguido el médico de la familia. Pero lo había logrado: estaba cinco mil kilómetros más cerca de su sueño.

Esmeralda era una joven común, con un problema inusual y un gran sueño. No era ni guapa ni fea. Era simplemente normal. Pero tenía una ambición desbordante. Su mayor obstáculo no eran ni la falta de medios ni ella misma, sino un miedo absurdo, tan simple y anodino que llegaba a ser cruel: pánico a casi todo. A las moscas, a volar, a viajar, a su propia sombra. Era un miedo sin forma, sin lógica, que a veces la dejaba morada por contener la respiración. Había probado de todo: chamanes, psiquiatras, terapias, hipnosis, programación neurolingüística… Nada funcionaba.

Una vez, cuando era pequeña, estaba sentada bajo un árbol enorme y fresco. De pronto, vio en el cielo un destello metálico. Flotaba ahí, suspendido. Sintió, con claridad, que «algo» la observaba. Corrió despavorida a su casa. Desde entonces, la agorafobia se volvió su compañera. Su mundo se redujo a las paredes del hogar. No asistía a la escuela. Estudiaba en casa con tutores.

En ese encierro, casi por accidente, descubrió la música. Especialmente la barroca y la polifónica. Aprendía canciones en idiomas que no hablaba, pero que podía imitar a la perfección. Su familia vio en ello un rayo de esperanza. Fue un tutor francés quien sembró en ella su más grande anhelo: ser cantante de ópera… en Europa.

Pero sus miedos eran un muro grueso, invisible, que no la dejaba avanzar. Solo su abuela la comprendía de verdad. Una tarde, Esmeralda le confesó que se sentía atrapada y le contó su sueño.

—Abuela, ¿tú alguna vez tuviste miedo? ¿Qué hiciste?

—Ay, mi niña… Sí. También tuve mis miedos, no como los tuyos, otros. Pero decidí que mi vida y mis sueños eran más grandes, más interesantes que mis miedos. El miedo siempre se siente igual. Como dice el dicho: el cobarde dura hasta que el valiente quiere. El cobarde es tu miedo. La valiente… eres tú, si decides seguir tu camino.

Esa noche, Esmeralda trazó su plan. Una estrategia digna de un tablero de Risk o Monopoly. Era de esas personas que se autorretaban en juegos de mesa cuando se sentía sola. Su plan era temerario, pero brillante. Sus padres dudaron, pero al verla decidida, con los ojos brillando de vida por primera vez en su vida, aceptaron. Sabían que su hija estaba apostando todo.

Tres años después…

Al terminar la última nota de su aria, el corazón de Esmeralda latía con fuerza. Sentía que se le salía del pecho. En segundos, su vida pasó ante sus ojos, como una película: su familia, su casa, sus miedos, sus intentos fallidos, las horas y horas de práctica, todo lo que tuvo que crecer por su cuenta para estar parada ahí en ese momento que pareció extenderse casi un siglo en el que no se sabe la reacción del publico, y vio todo lo que había dejado atrás. Y cuánto había valido la pena.

El aplauso atronador retumbó en la sala. Conmovida, hizo una tímida reverencia. Una gran ovación de pie la envolvió durante casi veinte minutos. Así Esmeralda brilló, como la piedra preciosa que le dio su nombre.

COMENTARIOS:

 

– ¡Muy bonito! ¡Un relato esperanzador y optimista!

– Muy buena historia; una de las mejores de la jornada. Lástima los fallos de acentos 🤔

– Felicitaciones.

– Una historia de miedos y superación.

– Se ha colado alguna cacofonía y un final facilón

RELATO 5:

PEGASO

 

Había llegado el tan anhelado momento, no tenía sentido retrasarlo más, y además, según los que dicen que saben de esto, «estas cosas no hay que eternizarlas, porque suelen llevar de cabeza al desengaño».

      Sí, lo sabía, pero la pantalla del ordenador, o del móvil, era mi red de seguridad, y que en aquel circo yo caminaba sin barra de equilibrio. Hubiera podido estar semanas ahí detrás, las letras eran mi arma secreta, donde me sentía cómodo y seguro, y estaba funcionando, estaba sintiendo cómo despertaba su interés día a día.

      Lo malo es que no era lo único que estaba sintiendo. De hecho estaba empezando a sentir más cosas de la cuenta. Estaba cayendo en todos los errores del mundo, desatendiendo todos los consejos. Me estaba subiendo por las paredes, en definitiva. No había en mi cabeza otro pensamiento que aquella chica. Los días quedaron reducidos a la espera de sus mensajes, a buscar cualquier excusa para retomar el contacto, a estrujarme el cerebro para que cada nuevo envío pareciera fortuito, justificado, disfrazándolo de humor, o de cualquier cosa que me ayudara a no mostrar demasiado. Sí, a eso y a algo peor, a interpretar cada palabra de sus mensajes, a leer entre líneas, a preguntarme «qué habrá querido decir con eso».

      Aquella noche me di cuenta de que no podía seguir así. Había apagado el teléfono para evitar tentaciones, pero acabé levantándome de la cama, «por si acaso».

      Obviamente no había ningún mensaje nuevo, y aun así no pude evitar releerlos todos. «El primero de hoy ha sido por la mañana», me dije. ¿Pensaba en mí ya desde por la mañana? Se me aceleraba el pulso. Pero no, espera, no te embales. Había sido yo el último en escribir la noche anterior. En realidad su mensaje solo respondía al mío. Pero… tampoco había dicho nada que exigiera respuesta, podría perfectamente no haber respondido. Entonces… ¿significaba eso que ella también necesitaba una excusa para proseguir el contacto?

      Traté de recuperar lo que quedaba de razón en mí. Me mataba reconocerlo, pero en realidad no había nada en nuestras conversaciones que incitara a pensar que existía un gran interés por su parte. Pero joder, llevábamos cuatro días escribiéndonos sin parar… A veces más largo, a veces menos, ¡pero cuatro días! ¿Hablaría también con otros? ¡Me negaba a pensarlo!

      La razón me decía que tenía motivos para creer que existía interés. Pero nada me resultaba suficiente. Nada era claro, nada era obvio, necesitaba certezas.

      Y la misma razón, la misma maldita razón que me hacía agarrarme a cualquier indicio, me decía también que aquella chica era demasiado guapa, demasiado inteligente, demasiado brillante. Leerla era un soberano placer. Nada era trivial, todo era pertinente, todo tenía estilo, elocuencia, nada era vulgar, nada era superficial en ella. ¿Qué hacía en estos sitios una chica así?

      ¿Pero acaso escribía yo tonterías? ¿No era yo brillante también a veces? ¿Acaso no llevaba días entero manteniendo su atención? ¿Por qué narices no podría interesar a aquella chica?

      No podía más. Aquello empezaba a no tener sentido. Pasaba de la euforia a la ansiedad treinta veces al día. Había llegado el momento de vernos, de descubrir que estaba tratando con un ser humano, no con una diosa. Tenía que invitarla a cenar.

      Lo hice, y aceptó. Las horas previas fueron las más estresantes de mi vida. ¿Qué tenía esa mujer que me provocaba aquel estado de ansiedad? ¿Había pasado demasiado tiempo escribiendo, rehuyendo aquel momento? ¿La había idealizado hasta tal punto? Ni siquiera aspiraba a que ocurriera algo con aquella chica. Me conformaba con estar medianamente a la altura, con no volver a casa demasiado decepcionado, de ella, de mí mismo…

      No fue mal, creo. Me gustó, me gustó muchísimo, aún más de lo que esperaba. Volví a casa con una discreta sonrisa y con cierto alivio. Ya está, ya había pasado. Pero me di cuenta de que no habíamos quedado en nada, no tenía ningún indicio claro de que ella quisiera volver a verme, y me desesperaba la idea de tener que volver a empezar de cero.

      ¿Volveríamos a vernos?

      Alguien tendrá que inventar una frase que me permita contarlo, o inventarlo.

COMENTARIOS:

 

– ❤️

– Final muy original, a ver si alguien se atreve…

– Real como la vida misma, pero no te podemos ayudar! Te tienes que lanzar a la piscina y además de cabeza!!

– Me gusta cómo se transmite la tensión de estar conociendo a alguien que nos gusta; me dejó con las ganas de saber más, cotilla de mí.

– ¡Ostras! ¡Has clavao la historia de mi vida! 😱

– Felicitaciones a seguir

– El mejor relato de la semana; la excelente escritura permite vivir la angustia del protagonista.

– El cortejo actual, una manera de alimentar nuestra ilusión.

– No he comprendido lo que quería transmitir, se queda flojo para mí

RELATO 11:

DIONISIO

 

Había llegado el tan anhelado momento. Solo restaba bajar la palanca para que los 2000 voltios me recorrieran el cuerpo, paralizando el corazón y colapsando los pulmones. Claro, todo esto está siendo observado por espectadores que se babean por este tipo de espectáculos, donde la muerte del protagonista es interpretada con total realismo. Solo unos pocos pueden acceder a esta clase de obras.

      Detrás de los barrotes de la celda de ejecución, los familiares de las víctimas y las autoridades de la ciudad se frotan las manos.

      Debajo del casco de metal estoy yo. Una cabeza precedida por un cuerpo que tiembla. En mi rostro se posan dos ojos enormes, inocentes e infantiles. Soy un niño. Solo tengo catorce años. Sí, catorce. Y por ser negro, el jurado encontró que la solución a este atroz asesinato de dos niñas blancas —Betty June Binnicker, de once años, y Mary Emma Thames, de siete— era  que yo fuese directo al infierno.

      ¿Qué se supone que debo pensar en este momento?

      No lo sé.

      Lo único que sé es que tengo miedo. Mis manos transpiran y el corazón me late rápido. Acelerado. Acelerado. Acelerado. Lo único que pasa por mi cabeza es la imagen de mi dulce madre. Solía hablarle, preguntarle cosas, entrar en su habitación para dormir a su lado y soñarla. Voy a añorar la tibieza de sus manos. Su voz dulce, cantándome al oído.

      No conozco a esas niñas muertas a martillazos. Pero mermaré el dolor de sus padres con mi vida.

      Al menos así puedo aliviar un poco a estas personas. Hay un cura y un médico a mi lado. El médico comprobará mi muerte. El cura garantiza, de algún modo, mi paso al infierno. El policía que accionará la palanca también está aquí, firme en su tarea.

      —¿Dios existe? —le pregunto al cura, mirándolo a los ojos.

      —No lo creo. No en estos casos —me responde, agachando la cabeza.

      Arriba, sobre la cabeza del cura, hay una pequeña ventana con barrotes. Desde donde estoy sentado puedo ver un pedazo de cielo azul. Un pajarito se posa allí. Mueve la cabeza con velocidad. Y, para sorpresa de todos, habla.

      —Todo estará bien, no te preocupes. Hay algo más después de todo.

      Luego se ríe. Y continúa:

      —Que proceda la ejecución.

      El alcaide asiente con la cabeza.

      El policía acciona la palanca.

COMENTARIOS:

 

– Magnífico. Fiel retrato de la Norteamérica actual.

– Muy buen relato (recuerda a «The Green Mile») pero con un problema gordo: la frase está en pasado, y el relato está en presente, con lo cual ya no cuentas una historia. Eso da la impresión de que el título te fastidia la idea, y tratas de encajarla como puedes. Es la regla básica del juego 😉. Aun así, está entre los destacados de la jornada 👏.

– Muy bien escrito y aunque el final es ingenioso, no es de la misma calidad que el resto del relato

– Jolín, qué historia más dura.

– Dudosa verosimilitud pero limpio, con ritmo y un toque surrealista bien traído.